La máxima de objetividad propuesta por el periodista SCOTT y ampliamente conocida –“los hechos son sagrados y las opiniones son libres”– dominó la enseñanza de periodismo en las facultades de Comunicación durante la primera mitad de siglo, así como las aspiraciones de la práctica profesional de los periodistas. Ser objetivo, atenerse a los hechos o mostrarse aséptico, han sido, desde un punto de vista teórico, los rasgos que han definido el buen ejercicio de la profesión periodística hasta las últimas décadas de este siglo.
Sin
embargo, varios estudios realizados en España a este respecto muestran una
común paradoja que bien merece el análisis y el esfuerzo de la investigación.
Llegados a final de siglo, los periodistas siguen suscribiendo el principio de
objetividad, pero reconocen que es imposible llevarlo a la práctica.
Llegamos,
a la cuestión que actualmente ocupa a los investigadores en esta materia, las
influencias de las actitudes profesionales, es decir, la relación entre lo que
el periodista concibe de su profesión y lo que plasma en los contenidos de las
informaciones.
1. EL CONTEXTO
TEÓRICO-NORMATIVO DE LAS ACTITUDES PROFESIONALES
¿Qué
debe hacer un periodista? ¿Cuál es su función en la sociedad? La investigación
en torno a las actitudes profesionales surge como desarrollo ulterior de la
propuesta que en 1956 se hiciera de las cuatro teorías de la prensa.
La
teoría liberal, surgida al hilo de las revoluciones liberales, y amparada en el
pensamiento de Milton, Locke, Trenchard, Madison y Jefferson y, posteriormente
(ya en el siglo XIX), de Stuart Mill, se encuadra en el liberalismo económico
clásico propugnado por Adam Smith que consideraba que el Estado no debe
intervenir en absoluto en el control de la prensa, con el fin de que pueda
haber un “mercado libre de ideas”. Es el individuo quien, en el juego de la
libre competencia, descubrirá cuál es la buena información.
Como
reacción a la teoría liberal, la teoría de la responsabilidad social aparece en
el siglo XX tras la revolución industrial, demográfica y tecnológica, como
consecuencia de los abusos que se habían producido en el ejercicio de la
libertad de prensa. Formalmente aparece después de la segunda Guerra Mundial,
con la creación, en los Estados Unidos, de la Comisión de la Libertad de
Prensa, denominada Comisión Hutchins. Esta teoría sugería una mayor
intervención del Estado en el control de la información con el fin de que, junto
a la libertad de prensa, se asegure también la responsabilidad de la misma.
Desde aquí se abogaba por una legislación que evitara los abusos de la libertad
de prensa, que garantizara el libre acceso de todos a los medios de
comunicación, y que obligara a ayudar económica y subsidiariamente a las
empresas de comunicación necesitadas.
2. ACTITUD PROFESIONAL Y
PROFESIÓN PERIODÍSTICA
¿A
qué tipo de actitud profesional nos estamos refiriendo cuando hablamos de
profesión periodística? ¿Qué se entiende por profesionalidad en el mundo de la
comunicación?
La
investigación académica carece aún de una definición clara y precisa de
profesionalidad en el ámbito de la comunicación. Así, desde campos ajenos al
mundo de la comunicación, juristas y sociólogos han trasladado al periodismo
esquemas de análisis propios de otras profesiones. Pero la profesión
periodística sólo puede ser definida en su propio quehacer, siempre rápido,
innovador y difícil de codificar. Por eso, los esquemas de análisis ofrecidos
por otras profesiones no son aplicables en plenitud al periodismo. Como
consecuencia, distintos autores han tratado de establecer unos indicativos de
profesionalidad propios del quehacer informativo. En 1964 Jack Mc Leod y Searle
Hawley identificaron cuáles son los factores que motivan a los periodistas en
su profesión, y consideraron algunos de ellos como sintomáticos de
profesionalidad y otros como sintomáticos de falta de la misma.
Hay
profesionalidad, argumentaron, cuando la motivación es ajena a la satisfacción
individual personal, es decir, cuando lo que se busca no es el propio provecho
sino el bien de la comunidad.
Por
último, en un trabajo fundamentado en el análisis de los estudiantes de
periodismo, Splichal y Sparks argumentan que en la profesión periodística es preciso
tener en cuenta otras características además de los indicadores clásicos de
asociacionismo y lectura de publicaciones especializadas.
3. LAS TIPOLOGÍAS DE LAS
ACTITUDES PROFESIONALES
Hay
una gran variedad de estudios sobre los tipos de actitudes profesionales de los
periodistas. El primero en proponer una tipología fue Cohen[21], tipología que
en 1976 aplicaría Johnstone a los periodistas estadounidenses. Era, esta
primera, una clasificación muy básica y sencilla.
Esta
tipología que clasifica a los periodistas en neutrales o participativos se
encuadraba en la concepción liberal normativa de las funciones de la prensa, y
encerraba el principio de objetividad tal y como éste había sido entendido
hasta los años setenta. El periodista debe aspirar a ser objetivo, es decir, a
mantenerse distante, frío y aséptico de la información que cubre.
Cuando
en 1986 Weaver y Wilhoit replicaron al estudio de Johnstone, se revelaron
dificultades en las categorías propuestas por éste: neutral y participativo no
son etiquetas suficientes para abarcar todas las posibles actitudes
profesionales de los periodistas. El periodista no es o neutral o
participativo. Afirman Weaver y Wilhoit que “dar información al público con
rapidez” no significa ser necesariamente neutral.
A
diferencia de la tipología neutral/participativo, esta clasificación de Weaver
y Wilhoit no es radical en torno al principio de objetividad, e incluso éste ya
no aparece implícito. Incluía matices que permiten registrar de modo específico
la actitud que los periodistas tienen ante las fuentes oficiales.
En
1999 Canel, Sánchez-Aranda y Rodríguez-Andrés tratan de completar esta
tipología sugiriendo cuatro etiquetas para las actitudes profesionales. Además
del adversario y difusor de información, estos autores sugieren llamar al
intérprete analista y añaden una etiqueta, la del abogado, para designar al
periodista que considera que, en su quehacer informativo tiene importancia
promover determinados valores e ideas.
Cuando
se trata de informaciones políticas la cuestión de la objetividad adquiere
mayor relevancia. La tipología que sugieren a este respecto Donsbach y
Patterson trata de abordar dos dimensiones. En primer lugar, respecto a la
autonomía que el periodista tiene como actor político, el comunicador puede ser
pasivo o activo. El pasivo es transmisor aséptico en cuanto que hace de espejo
de la realidad, limitándose a dar a conocer lo que ve. Por su parte el activo
tiene iniciativa, investiga, no confía rutinariamente en las fuentes oficiales,
es adversario y vigilante del poder.
En
segundo lugar, respecto a la toma de postura del periodista como actor
político, éste puede ser neutral o abogado. Neutral es el que se limita a dar
los datos tal y como los ve, recogiendo declaraciones de todos los puntos de
vista, no juzgando ni valorando qué ideas, políticas, o programas se deberían
aplicar.
De
la combinación de estas dos dimensiones surge la siguiente tipología: el
periodista pasivo-neutral es espejo de la realidad, difusor de información,
observador imparcial, gate-keeper y mensajero; su cobertura es eminentemente
fáctica, de datos. El periodista pasivo-abogado es el periodista que trabaja
para un partido político: aboga por una causa pero sin iniciativa propia, sino
a instancias de lo que el partido necesita y le pide. El activo-neutral es
crítico, adversario, vigilante, escéptico, partidario de la concepción de la
prensa como Cuarto Poder; y el activo-abogado es ideólogo, misionario e
interpreta los datos con la intención de proyectar sobre ellos un punto de
vista.
4. LAS INFLUENCIAS “EN” LAS
ACTITUDES PROFESIONALES
Etzione
afirma que en la profesionalización hay que distinguir lo que él llama el
proceso de selectividad y el proceso de socialización. El primero es la
selección básica de personal que se hace conforme al nivel de conocimientos que
se tiene de la profesión. El segundo, la socialización, hace referencia a la
adquisición de las habilidades que se requieren para poder cumplir
satisfactoriamente con un determinado trabajo.
Socialización
instrumental: adquisición de habilidades y conocimientos técnicos (saber cómo
manejar, por ejemplo, un programa de diseño periodístico, algo que se adquiere
en la redacción)
Socialización
expresa: serie de valores específicos, éticas y normas profesionales (que es la
noticia, que procedimientos son éticos para conseguir información, etc.)
Windahl
y Rosengren sugirieron la distinción de dos niveles: por una parte, lo que
consideraron variables de actitudes individuales (es decir, las características
personales de los periodistas); y, por otra, las variables estructurales, que
están más relacionadas con el proceso colectivo de socialización de la
redacción en la que se trabaja.
Pues
bien, la investigación encuentra, por una parte, que la profesión periodística
tiene un profundo carácter colectivo, y en ella la socialización con los
colegas de la redacción así como las exigencias de la organización son muy
influyentes. Algunos estudios llegan incluso a afirmar que los valores
individuales y las propias creencias quedan solapados por los elementos de
carácter organizacional.
5. LAS INFLUENCIAS “DE” LAS
ACTITUDES PROFESIONALES EN LOS CONTENIDOS
Las
actitudes profesionales influyen en la práctica profesional. Es decir, las
noticias varían según la concepción que los periodistas tengan de su propio
papel.
El
que entiende que su profesión consiste en ser adversario del poder político no
edita para dar un enfoque político. El periodista que se concibe como
intérprete o analista de la realidad no está motivado en su edición por la
necesidad de ajustar la información a los hechos, ni por incrementar la
neutralidad, ni por evitar los conflictos con el medio o en la redacción. El
intérprete se considera con margen de libertad para tratar los hechos y no cree
en la neutralidad. Por último, el verse como difusor o propagador de
información lleva a editar con frecuencia para ajustar la información a los
hechos y para incrementar la neutralidad; y no para dar a la información un determinado
enfoque político o para evitar conflicto con los intereses del medio.
Pero
la distancia que hay entre lo que el periodista dice hacer y lo que el
periodista hace realmente introduce aquí un margen de error que pone de
manifiesto la necesidad de encontrar modos más adecuados, maneras más precisas
de recoger lo que es la práctica profesional así como su resultado, el
contenido de las informaciones.
Framing:
analizar el papel que juegan los medios de comunicación en la sociedad como los
efectos de éstos en la opinión pública; “la idea central organizadora del
contenido de las noticias que aportan un contexto mediante un proceso de
selección, énfasis, exclusión y elaboración“
6. HACIA UNA PERSPECTIVA
SIMBÓLICA PARA EL ESTUDIO DE LA RELACION ENTRE PERIODISTAS Y CONTENIDO DE LAS
INFORMACIONES
El
periodista no es un ser aséptico que recoge datos para transferirlos tal cual a
su audiencia; por el contrario, es una persona que “relata” y, al relatar,
“interviene” con todas sus circunstancias. Estas circunstancias o elementos
como las fuentes, los intereses, la cultura, los propios profesionales, etc.,
se fusionan en una particular combinación para originar formas de comprender el
mundo, plasmadas en informaciones concretas.
First
trata de afrontar esta disyuntiva al explicar que los medios de comunicación
son, en nuestros días, un componente fundamental de la realidad simbólica, del
mismo modo que en otros tiempos lo fueron las narraciones literarias o los
lienzos. Actualmente, la percepción de la realidad pasa por la percepción
mediática que afecta a cómo los individuos interpretan las experiencias
objetiva y simbólica.
También
Gamson y Modigliani explican la relación que establece el periodista con su
audiencia en términos de interacción simbólica: por una parte, gracias al
discurso de los medios, los periodistas construyen significados; y por otra, la
opinión pública es parte del proceso por el que los periodistas desarrollan
esos significados.
Carey
describe la sociedad como un proceso de creación y participación común de símbolos, caracterizados; estos por su
capacidad para ser representaciones tanto “de” como “para” la realidad.
El
mundo por un lado se simplifica para el conocimiento humano se hace accesible y
habitable y por otro, se complica al generar representaciones diversas de una
misma realidad.
Siguiendo
a Carey, Denzin se sitúa en una línea similar cuando explica que los nuevos
formatos de los medios de comunicación alteran las relaciones de las personas
con lo real.
Por
su parte Altheide y Snow destacan el papel de los medios como agentes de acción
que vienen a representar el lugar y establecimiento de varios tipos de
significados. Estos autores otorgan importancia al formato entendido como “las
reglas y lógica que transforman y moldean información”[58]. Son, por ejemplo,
las rutinas profesionales. Éstas generan unos significados que conectan con la
cultura del lugar en el que son presentados.
La
perspectiva simbólica es un intento de superación del fraccionamiento del
trabajo periodístico en un nivel individual.
El
periodista individual, la configuración de la actitud profesional de éste está
muy definida por la interacción simbólica que se da entre él y su audiencia.
Inmersos
indiscutiblemente en su sociedad, los periodistas establecen un diálogo tácito
con sus audiencias: las sondean al tiempo que informan sobre ellas, las someten
a sus efectos del mismo modo que la sociedad les influye a ellos.
Resumen:
Los
periodistas son servidores sociales y por lo tanto tienen una responsabilidad
enorme sobre sus hombros y deben tener una actitud profesional por esta razón. ¿Qué
debe hacer un periodista? ¿Cuál es su función en la sociedad? Surgen varias
teorías alrededor de estas preguntas. Varios estudios se han realizado en torno
a ellas, analizándolas y desarrollándolas, tomando en cuenta, la relación entre
lo que el periodista concibe de su profesión y lo que plasma en los contenidos
de las informaciones.
Para
profundizar más en este tema es necesario no solo tomar en cuenta las
percepciones de los periodistas de sí mismos, sino también otras opiniones que
fundamenten lo que ellos creen que hacen y como creen que suelen actuar. Los
periodistas deben ser objetivos, pero se ven afectados por factores externos
que juntos se combinan formando lo que el periodista plasma finalmente en el
papel y como mencione anteriormente, actualmente, la percepción
de la realidad pasa por la percepción mediática que afecta a cómo los
individuos interpretan las experiencias objetiva y simbólica. Sin embargo, es importante recordar que
debido al poder que tienen, deben siempre acercarse lo más posible a la
realidad, a los hechos sin mezclarlos con su propia subjetividad. Conservar una
actitud imparcial y objetiva.

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